
LA
COLONIA DEL SACRAMENTO:
LA IMPUNIDAD DEL CONTRABANDO
ANGLO- PORTUGUES
El comercio ilícito, que
desde tempranos años ejercían los portugueses en la extensa e imprecisa
frontera que abarcaba desde el Paraguay hasta el Río de la Plata, recibió un sólido
apoyo con la fundación de la Colonia de Sacramento en la orilla norte del río,
frente a Buenos Aires. Desde su fundación, en 1680, aumentó el contrabando,
sirviendo de base de operaciones tanto a los portugueses como a sus aliados los
ingleses. Las autoridades españolas vieron con temor e ira la presencia de sus
enemigos a tan corta distancia de Buenos Aires y el continuo avance de los
“bandeirantes” paulistas en dirección al Sur y al Oeste; la audacia de
aquellas intromisiones debía ser detenida enérgicamente, y fue así como el
gobernador de Buenos Aires Baltasar García Ros, se determinó a atacar a los
portugueses en 1705. El éxito más completo coronó sus esfuerzos y la colonia volvió
a poder de España. Sin embargo, aquella plaza, que debía ser quebradero de
cabeza para los ministros españoles, hubo de ser devuelta a Portugal, que bajo
el poderoso patrocinio de Londres logró, en 1715,
la inclusión de una cláusula en ese sentido en el tratado de Utrecht.
Los inconvenientes de la
medida fueron señalados por el jesuita Diego Altamirano, que ya tenía
experiencia del contrabando realizado anteriormente por los portugueses, “por
la facilidad que tenían para vender los géneros doblados más baratos que los
navíos de Castilla y dos tantos menos de los que iban en galeones para Lima”.
Esto haría que los comerciantes del Río de la Plata, Paraguay y Tucumán,
prefiriesen tratar con los portugueses, y que incluso los de Cuyo, Chile y
Charcas solicitasen las mercancías que entrasen por la colonia de Sacramento
Sucedió tal como se temía
y la colonia volvió a tomar carácter de base del contrabando portugués e inglés.
En 1752
los comerciantes españoles decían que la colonia de Sacramento “es una
reposición en que diariamente se duplica lo que el día antes se introdujo. Es
constante que este
lugar por su naturaleza inútil, lo mantiene el portugués sin otro destino que
el comercio. Los vasos que anualmente en toda clase de embarcaciones pasan de
ciento, y por inspección ocular consta a algunos de los individuos que aquí
afirman, que en pocos días de residencia en Montevideo pasaron por la colonia
quince embarcaciones de carga, sin las que pudieron transitar sin ser
descubiertas y con la oscuridad de la noche”.
La forma en que operaban
los ingleses a través de la colonia y la importancia de ella está claramente
expuesta en un memorial del cónsul británico en Lisboa; el trato era “Mantenido
y estimulado por la baratura con que se suplía a los españoles de mercaderías
inglesas enviadas desde Lisboa en las flotas de Río de Janeiro, y desde allí
trasportadas por mar a la nueva colonia de Sacramento, adonde concurrían los
españoles a comprar dichas mercaderías que eran pagadas en dinero que se
retornaba a Lisboa en la flota de Río, la mayor parte del cual, puede decirse
entraba en Inglaterra. En los últimos años de la guerra con España
[1762-1763] se demostró la importancia de este comercio con las grandes
cantidades de plata transportadas a Europa por las flotas del Brasil y si la
guerra hubiese durado algunos años más, a través de aquella ensenada habríamos
provisto de mercaderías inglesas a la mayor parte de las colonias españolas en
América”.
Sergio Villalobos R., Comercio y contrabando en el Río de la Plata y Chile.
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