LA DEUDA EXTERNA

ANTE EL DERECHO INTERNACIONAL PÚBLICO

fuente: www.cai.org.ar

         El presente informe procura reseñar una iniciativa, sustentada en el Derecho Internacional Público --propiciada por el Parlamento Latinoamericano, diversos foros políticos internacionales y medios académicos--, tendiente a que la Asamblea General de las Naciones Unidas pida una opinión consultiva a la Corte Internacional de Justicia de La Haya sobre los aspectos jurídicos de la 

 DEUDA EXTERNA

 1.    SITUACIÓN

         Si se toma en cuenta el espacio exiguo que hasta hace poco los medios de comunicación daban al tema de la deuda externa y el tono optimista y despreocupado de los despachos informativos, se podría inferir que el problema estaba en vías de desaparecer y que había dejado de ser un drama socioeconómico.  Los distintos acuerdos de escalonamiento y fijación de pagos, que varios países suscribieron con la banca acreedora a comienzos de la década del 90 (caso del Plan Brady), reforzaron esa generalizada sensación de alivio.  Inclusive en algún foro académico la propuesta de continuar los estudios jurídicos sobre el asunto fue calificada de anacrónica.

         Esa tesitura optimista, sin embargo, no fue compartida por todos.  Basta leer el discurso papal del 1o. de enero de 1993, con motivo del Día Mundial de la Paz,  S.S. Juan Pablo II dijo:

         "Quisiera recordar aquí brevemente algunos problemas particularmente inquietantes,  que afectan a los pobres y,  como consecuencia,  amenazan la paz."

         "Ante todo, el problema de la deuda externa que, para algunos países y en ellos para los sectores sociales menos pudientes, sigue siendo un peso insoportable, a pesar de los esfuerzos realizados por la comunidad internacional, los gobiernos y las instituciones económicas para reducirlo.   ¿No son  quizás  los sectores más pobres de dichos países los que tienen que sostener frecuentemente la carga mayor de la devolución?  Semejante situación de injusticia puede abrir el camino a crecientes rencores, a sentimientos de frustración y hasta de desesperación.  En muchos casos los mismos gobiernos comparten el malestar generalizado de sus pueblos y esto repercute en las relaciones con los demás Estados.   Ha llegado quizás el momento de examinar nuevamente el problema de la deuda externa, dándole la debida prioridad. Las condiciones de devolución total o parcial deben ser revisadas, buscando soluciones definitivas que permitan afrontar plenamente las graves consecuencias sociales de los programas de ajuste.  Además, es necesario actuar sobre las causas del endeudamiento, condicionando las concesiones de las ayudas a que los gobiernos asuman el compromiso concreto de reducir  gastos  excesivos  o  inútiles  --se piensa particularmente en los gastos para armamentos--  y  garantizar que las subvenciones lleguen efectivamente  a  las  poblaciones necesitadas".

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