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No creáis nada por el simple hecho de que muchos lo crean o finjan que lo creen, creedlo después de someterlo al dictamen de la razón y a la voz de la conciencia. Buda.

LAS ESTRUCTURAS HORIZONTALES
CONCIENCIA DE LOS LIMITES

Por Mauricio Prelooker
(Cap... IX La Economía del desastre, Pág.61 al 65)


Las estructuras horizontales, llamadas Beta por Galtung, son típicas de los seres vivos. Su forma de red permite advertir la ausencia de un “centro” visible o una “periferia”. En las estructuras Beta conviene hablar de “núcleos de acción” o “nodos”, vinculados entre sí en forma directa o indirecta. Cuando esos “nodos” entran en acción y se ponen en movimiento. Los demás comienzan a hacerlo por resonancia.

horizontal

Las estructuras Beta están dotadas de una fuerte identidad propia y son capaces de distinguir los elementos que les resultan extraños, comprándolos con su propio comportamiento. A diferencia de las Alfa, las estructuras Beta funcionan únicamente en su propio circulo natural de acción, limitado por fronteras bien definidas, y tienen una clara conciencia de sus propios límites. Así actúan los agrupamientos sociales unidos por una cultura común, en el marco de la sociedad tradicional. En cambio, esa autoconciencia ha sido perdida por la sociedad “moderna”, aunque no en forma completa, y en ciertas circunstancias aflora con gran fuera.

1. ¿Intercambio desigual o igual?

Sólo quienes han incorporado a sus hábitos mentales el concepto de mercancía pueden apreciar si un intercambio entre dos personas, entre dos grupos humanos o entre dos países es realmente “igual” o “desigual”.

En las estructuras horizontales se podría decir que el centro está en todas partes y la periferia en ninguna. Galtung habla con acierto de estructuras multicentrales, sin ningún punto de referencia privilegiado, pues todos los nodos de la red funcionan a la vez e igualitariamente como emisores y receptores de flujos que circulan constantemente por la red.

2. División frente a multiplicidad.

La primera división del trabajo se produjo en el mundo prehistórico entre las labores femeninas y las masculinas. Nunca fue una división equitativa. Las tareas femeninas fueron siempre permanentes y gravosas, en tanto que las masculinas tenían un carácter esporádico, fortuito y voluntario, y en muchos casos podían ser eludidas, lo cual convertía a los hombres en algo parecido a zánganos. En esta división vertical las mujeres llevaron siempre la peor parte y quedaron relegadas a los peldaños inferiores de la escala social.

La segunda división vertical del trabajo, señalada por Karl Marx, se dio entre el trabajo intelectual y el manual, y elevó por encima del resto a los dueños de la palabra, los oradores políticos, militares y religiosos. Siguieron sus pasos los dueños de la escritura y de los símbolos. En una sociedad donde los conocimientos no estaban al alcance de todos, quienes mejor los manejaban terminaron por prevalecer.

Por el contrario, en las estructuras horizontales, en lugar de la división y la especialización del trabajo, se acumula en un solo individuo una gran diversidad de funciones, prácticas y teóricas. En la sociedad “primitiva” o tradicional hay muchos ejemplos de esta multiplicidad de tareas, sorprendente para el hombre moderno. En su mayoría, sus integrantes desempeñan varios oficios, participan en la vida política de la comunidad y en épocas difíciles, a causa de plagas o en tiempos de guerra, algunas llegan a dirigirla. Esta expansión de la personalidad presenta un fuerte contraste con el marcado empobrecimiento y la mutilación que caracterizan la “especialización”.

3. Dependencia frente a autonomía.

En la sociedad verticalizada los valores de los estratos “superiores” penetran en las capas “inferiores” de la sociedad, determinando sus absoluta dependencia material, psicológica y cultural. En cambio, las estructuras horizontales, autónomas, son de naturaleza igualitaria y generan anticuerpos eficaces contra cualquier proyecto de hegemonía, personal o de grupo. Los guaraníes, que designaban aun jefe para hacer la guerra, con frecuencia lo ejecutaban al restablecerse la paz. Puede darse otro ejemplo, en este caso del mundo “civilizado”. Tal vez el país más autónomo del mundo sea Suiza. No se menciona nunca el nombre de un presidente de ese país de montañeses libres.

4. Disociación frente a solidaridad.

La sociedad vertical ejerce una fuerte acción disociadora sobre los núcleos humanos, incluso los más fundamentales, como la familia. Los seres humanos se convierten en “mónadas” aisladas, libradas a su propia suerte. Sólo prestan atención a su propio destino individual y a lo que entienden como sus “intereses”, y se vuelven insensibles e indiferentes para todo lo demás.

Esta ruptura con la tradición de los grupos originarios, que llegaron a la condición humana a través de una evolución esencialmente social, donde todos se interesaban por los problemas de cualquier miembro de la comunidad, que consideraban propios, tiene graves consecuencias. La esfera privada se separa de la vida pública, y se asiste al predominio completo de la primera. La sociedad civil resultante, lejos de constituir una síntesis de la primera. La sociedad civil resultante. Lejos de constituir una síntesis de ambas esferas, está regida por una tabla de valores que considera “normales” el individualismo, la falta de escrúpulos, el cinismo y el egoísmo más explícito y sórdido.

Las estructuras horizontales, en cambio, se caracterizan por una solidaridad íntima, activa y casi sobreentendida entre los miembros de cada comunidad, que se extiende a los extranjeros que se incorporan a ella como huéspedes o refugiados. En ese ámbito comunitario, la presunta “mano invisible”: es reemplazada por manos visibles, siempre tendidas y dispuestas a ayudar incondicionalmente a quienes lo necesiten.

5. Exclusión frente a participación

Las estructuras verticales excluyen a ciertos grupos sociales, a minorías e incluso a países enteros, de decisiones vitales que los afectan, y de la vida misma, si quienes manejan el poder lo consideran necesario y conveniente. La exclusión implica siempre el empleo de una altísima dosis de violencia, ejercida con una metodología que podría llamarse de geometría variable. A veces la violencia aparece en forma desembozada y brutal; en otras ocasiones, se oculta detrás de múltiples máscaras y disfraces, procedimientos ritualizados y frases hipócritas.

El último acto del drama consiste en arrancar el consentimiento de los vencidos, en lograr que convaliden su propia derrota, reconociendo que es justa, legitima y socialmente necesaria, pues correspondería al “orden natural de las cosas”. Es el triunfo final de la violencia, que a partir de ese momento no necesita aparecer en escena. Pero permanece siempre allí, atenta, agazapada, presta a reaparecer ante cualquier síntoma de rebeldía. Por otra parte, en los derrotados reina una resignación muy fuerte: piensan que no se puede hacer nada.

Sin embargo, la violencia humana no resulta de una tendencia genética innata. La violencia y el homicidio son resultados de una herencia cultural fatídica, pero acotada en el tiempo. Tuvieron un principio. Tendrán un fin.

El instrumento cultural básico de todo este proceso es un saber organizado en dos niveles excluyentes:

SABER Nº 1: Es un saber esotérico, no compartido para uso exclusivo de los sectores que detentan el poder. Es un minucioso código de procedimientos, cínico pero eficaz, para triunfar en la “lucha por la vida”, hasta que cada uno encuentra lo que considera su lugar correcto en la escala social.

SABER Nº 2: Se trata de un saber exotérico, de uso común, destinado a los miembros de los estratos, grupos sociales o pueblos considerados “inferiores”. Predica un respeto incondicional, casi religioso, por las constituciones, las instituciones, los principios, las leyes, los códigos, las normas, los reglamentos, los decretos, los estatutos, las ordenanzas, los mandatos, las resoluciones, las reglas, las órdenes, las costumbres arraigadas y los mandamientos escritos o verbales.

En este caso, el grueso de la gente no puede participar plenamente en la vida social. Porque participar significa compartir un saber común, conocer –o tener la oportunidad de conocer- todo lo que los demás miembros de la comunidad saben o pueden saber, sin obstáculos ni zonas restringidas o vedadas.

Los hombres sólo pueden participar en las decisiones que afectan su vida si están plenamente integrados a esta esfera común de saber. La democracia constituye un proceso de coparticipación en el saber común, sin restricciones ni exclusiones deliberadas.

6. Fragmentación frente a integración

En la sociedad vertical el saber esotérico, patrimonio de una minoría privilegiada, genera la fragmentación de la sociedad en dos sectores diferenciados: los sectores minoritarios se encargan del poder, descartando a la mayoría. Sin embargo, los organismos vivos, sin excluir al hombre, están formados por estructuras reticulares integrados y totalmente interconectadas, que sólo pueden subsistir en función de esa interconexión. Cuanto más compleja y diversificada es una red, tanto mayores son su alcance, su poder, su autonomía y sus posibilidades de sobrevivir. Como lo señaló un gran ecologista catalán, Ramón Margalef, la complejidad y la diversidad son las condiciones mismas de la supervivencia.

En estas redes emergen constantemente propiedades nuevas, que constituyen el rasgo básico del proceso vital y sólo están relacionados con la red en su conjunto y en funcionamiento, es decir en su totalidad. Son las que hacen posible la vida y determinan nuestro comportamiento, nuestra coherencia interna y nuestra identidad, esencialmente social, asociativa y cooperativa. La tarea fundamental de esta etapa de retorno de la no vida a la vida consiste en recuperar la coherencia y la identidad humana. El hombre “civilizado” las ha perdido.