ECONOMIA Y RELIGIÓN

  Por el Dr. Julio C. Gonzalez

En latín ley (lex) significa: ‘ligare”, esto es unir o ligar a una persona a una determinada voluntad normativa que debe cumplir obligatoriamente porque así lo dispuso una autoridad con poder coercitivo. La palabra religión es simplemente un “re”-ligare”. Es decir, que una persona queda nuevamente unida u obligada por un mandato que le impone su conciencia. 

Lo dicho es simplemente un concepto básico para analizar la importancia que el “ligare” y el “re-ligare” tienen en economía, dado que ambos conceptos determinarán los actos que debe o puede realizar el productor y el consumidor. 

La bibliografía sobre estas cuestiones es abundantísima. Hemos de señalar solamente tres autores fundamentales: 

1)   Tawney (siglo XIX), autor de “La Religión en el Origen del Capitalismo 

2)   Max Weber (1864-1920), autor de "La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo". 

3)   Kurt Samuelsson (siglo XX), autor de “Economía y Religión”. 

En la oración básica del cristianismo que es el Padre nuestro (Evangelio de San Mateo, Cap. 6°, Versículos 9 al 13) leemos que Nuestro Señor Jesús Cristo en su oración básica nos enseña a pedir lo siguiente: 

Let dimitte nobis debita nostra sicut et nos dimittimus debitoribus nostris. Esto traducido significa: y perdona nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores (texto del Misal Diario para América, VII edición, año 1961, pág. 446. Editorial Guadalupe, Buenos Aires) 

El razonamiento es muy simple: para poder comprar el pan de cada día era necesario no tener deudas en dinero. Las deudas en dinero que los contemporáneos de Jesús debían pagar eran el diezmo al templo y el diezmo al conquistador romano. Si el diezmo no se pagaba en dinero, debía pagarse en especies y si era imposible pagarlo de esta manera, el deudor era vendido como esclavo él y su familia hasta que pagase su deuda. La vida pues, era insoportable.

Es de advertir que la oración de Nuestro Señor Jesús Cristo habla de “deudas”, esto es, obligación por imperio de la ley “ex lege”. Un tributo a la autoridad y al poder que no tenía ninguna contraprestación. La “deuda” no era pues el “precio” que debía pagarse por la mercadería. Era una forma bestial de succionarle a cada uno su vida.

Hacia el año 1980 la palabra “deudas” fue reemplazada por ofensas. Primero en la versión de la oración en la República Argentina y luego en la versión de la oración para toda Latinoamérica. 

Si nos atenernos al texto originario en latín la palabra ofensa se escribía de la siguiente manera “offensa” o bien “offensum offendi”.

No hace falta ser lingüista o filólogo para poder apreciar que eran dos palabras y dos conceptos diferentes. Curiosamente el cambio de las palabras de Jesús Cristo en la oración milenaria coincide con el incremento bestial que se hizo en Latinoamérica de la Deuda Externa, lo mismo que en otros países subdesarrollados. Ocurre que si mil millones de cristianos hubiesen todos los días repetido la oración de Nuestro Señor Jesús Cristo en sus términos literales e históricos, la misma era perfectamente aplicable al saqueo que se hace de nuestras remuneraciones en el día de hoy para pagar una Deuda Externa que no hemos contraído, sino que nos ha sido fraguada. Esto hubiese creado una mentalización y un poder anímico de protesta de mil millones de personas contra el despojo de nuestros días. Por eso el vocablo “deudas” habrá sido cambiado por “ofensas".

El actual catecismo de la Iglesia Católica (Conferencia Episcopal Argentina Ed. Edidea, Madrid, 1993) en la página 559, números 2240, 2265 explica lo siguiente:

La sumisión a la autoridad y la corresponsabilidad en el bien común exigen moralmente al pago de los impuestos, el ejercicio del derecho al voto, la defensa del país: “Dad a cada cual lo que se le debe, al que impuestos, impuestos, a quien tributo, tributo, a quien respeto, respeto, a quien honor honor”. San Pablo, epístola a los Romanos, capítulo 13, versículo 7). 

A continuación el apóstol nos exhorta a ofrecer oraciones y acciones de gracias por los reyes y por todos los que ejercen autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y apacible con toda piedad y dignidad”. (Primera Epístola a Timoteo, capítulo 2, versículo 2).

Como es de ver la oración era un alegato rotundo contra la deuda que era lo que no se debía, y establecía una implícita condena a la autoridad que con su poder la aplicaba. En cambio, San Pablo (que no conoció a Cristo) obliga a obedecer a la autoridad y a pagar los impuestos y los tributos. Los conceptos son pues muy diferentes y las consecuencias completamente distintas según empleemos una oración u otra.

El Papa Juan Pablo II en su Encíclica Sollicitudo Rei Socialis expresa lo siguiente: “En el plano internacional la desigualdad de los recursos y de los medios económicos es tal que crea entre las naciones un verdadero abismo. Por un lado están los que poseen y desarrollan los medios de crecimiento y por el otro se acumulan deudas. Estas últimas palabras “acumulan deudas” acredita que el concepto de deuda del dinero (es decir lo que no se debe) es bien conocido por la Santa Sede. Empero, lamentablemente, en vez de reiterar y expandir el Padre nuestro de Nuestro Señor Jesús Cristo han cobrado mayor vigencia los consejos de San Pablo. 

Con lo expuesto queda bien conceptuado el valor de los temas economía y religión.