Geopolítica y empréstitos

Dr. Julio C. González

    Henry Kissinger en sus tesis doctoral publicada con el título de “Un mundo restaurado”, señala que la política contemporánea resulta incomprensible si no se toma como pilar de referencia a las guerras napoleónicas. En esas guerras, en efecto, se halla la diagramación básica del mundo actual.

    Es fácil acreditar este concepto si se considera que en las campañas militares de Napoleón Bonaparte lo que se disputaba no era el ámbito geográfico de Europa sino los imperios coloniales que las potencias europeas habían edificado en los tres siglos que en aquél entonces, tenía la época colombina iniciada en 1492. En resumen, el objetivo político que va desde la campaña de Egipto (19/05/1798-16/10/1799) hasta Waterloo (18/06/1815) es el Hemisferio Americano más África más Asia más las rutas interoceánicas que comunican los Continentes. Una guerra por la posesión del globo terráqueo. Por su diagramación futura. Acaso por su destino irreversible para todos los pueblos que constituyen la especie humana. Por algo, el Teniente General Perón, sobre su escritorio de “Puerta de Hierro” tenía frente a su vista un pequeño busto de Napoleón en bronce.

    Dentro de esos objetos colosales, Buenos Aires, la pequeña aldea portuaria era la llave para el dominio de un continente. Para los franceses y para los ingleses.

    En 1804 William Pih, el joven (1759-1806) Primer Ministro de Inglaterra trazó el plan de conquista de América del Sur: ocupar Buenos Aires, crear un ejército de nativos con conductores ingleses, traspasar la cordillera de los Andes, arrebatar Chile a los españoles y desde allá por mar proceder a la conquista del Perú. Al mismo tiempo ocupar Venezuela y con un ejército formado de igual manera batir a los españoles marchando hacia el Perú donde deberían reunirse con el ejército de Buenos Aires. Para la conquista que debía vincularse por Buenos Aires fue designado Sir Arthur Wellesley Duque de Wellington y para la de Venezuela Francisco de Miranda. Al complicarse la situación europea, Wellington fue reemplazado por Beresford. Beresford y Miranda iniciaron su cometido sobre el Río de la Plata y sobre Venezuela en 1806. Los dos fracasaron. Pero el plan se mantuvo inalterable para ser ejecutado por otros (1).

    Hasta el día de Trafalgar (21/10/1806) tres potencias marítimas disputaban su hegemonía:

    España: que con Fernao de Magalhaes inició la gran aventura de circunvalación del globo en el siglo XVI.

    Francia: que con Luis Antonio de Bougainville (1729-1811) efectuó el relevamiento integral del Océano Pacífico y con suficientes medios científicos determinó exactamente las longitudes valorando exactamente las dimensiones de ese océano. Este viaje dio a Francia los elementos para su expansión y su presencia en Asia (2), Jean Francois de La Perouse (1781-1788) buscó consolidar este dominio bajo los auspicios de Luis XVI que, de esta manera aportó un nuevo motivo para su trágico fin en la guillotina (3).

    Inglaterra: que con Horacio Nelson (1758-1805) venció a sus rivales en Trafalgar imponiendo los nombres de James Cooke (1728-1779) y de Sir Frances Drake (1540-1596) por sobre sus antecesores ibéricos y galos. A estos últimos les quedó la óptica y el heroísmo en amarillentos libros raramente reeditados. A Nelson la estatua que le elevó el comercio británico por haber cumplido con su deber... comercial.

    En la misma época el dominio de la masa terráquea se hallaba bajo el control de tres naciones:

    Rusia: que con Pedro I el Grande (1672-1725) se convirtió en una potencia económica y militar que ocupó desde entonces un lugar preponderante en el concierto europeo.

    Prusia: que con Federico II el Grande “un monarca muy liberal” (1712-1786) discípulo de Voltaire, introdujo en la masa terrestre el desplazamiento de la guerra como equivalente del desplazamiento que hacían los países marítimos.

    Austria: que con María Teresa (1717-1780) equiparó el poder militar de su país al de Prusia. Que con José II (1741-1790) introdujo la libertad y al laicismo y que con Clemente de Metternich (1773-1859) después de Waterloo impuso a Europa el equilibrio de la paz que duró un siglo. Desde la Santa Alianza de 1815 hasta la primera conflagración mundial en 1914.

    Frente a estos hechos consumados todo el mundo será escenario forzoso de la historia. La interrelación entre los gobiernos conductores con las formas más variadas y de los pueblos conducidos, a gusto o a disgusto, habrá de formar un tejido muy denso.

    Un examen elemental de los plexos que constituyen el teatro de la historia, nos exhibe lo siguiente:

    A)   Una masa terrestre envuelta por el mar.

    B)   Un anillo insular y de bases marítimas que rodea a la masa terrestre.

 

    Trabajando sobre esta apreciación Sir Halford Mackinder elaboró en los primeros años de este siglo la geopolítica sobre la cual ha operado siempre el Imperio Británico (4).

    Para Mackinder la masa terrestre es Europa-Asia y África. Esta masa encierra a la gran isla del mundo cuyos límites son:

    1)     Al Norte el Mar Glaciar Ártico.

    2)     Al Sur el Desierto del Sahara.

    3)     Al Oeste el Océano Atlántico.

    4)     Al Este las Estepas y Mesetas de Siberia.

 

    La gran isla del mundo así delimitada tiene un corazón (Heart Land) que corresponde en límites políticos a la Rusia Europea.

    La gran isla del mundo está rodeada por un anillo insular y una periferia con bases marítimas que a su vez tiene un corazón que corresponde a Inglaterra que es de esta manera el corazón del mar o (Heart Sea).

    La gran isla del mundo (con su corazón en Rusia) es expansiva.

    Su constante histórica es anexarse territorios. Con el método ha marchado hacia el norte, hacia el oeste, hacia el este y también hacia el sur. La paneslacismo expansivo ha crecido en tiempos modernos del marxismo-leninismo.

    El gran anillo insular y la periferia de los continentes con bases marítimas tiene su corazón en Inglaterra y es en cambio, multiplicador. Gran Bretaña a procurado siempre el control de las islas que se halla frente a los continentes: Gran Bretaña e Irlanda en sí mismas con respecto a Europa del Norte: Malta y Chipre con respecto a Europa del Sur: y a África del Norte: Jamaica primero e Islas Bahamas y demás antillas con respecto a América Central, al Norte de América del Sur, Malvinas con relación a la parte austral de América del Sur, Isla Ascensión y Santa Elena con relación al África; Islas Sey Chellas en el Océano Índico, frente al África y frente a la India, el Archipiélago de Malasia frente a Indochina, Nueva Zelandia frente a Oceanía. Al mismo tiempo ha establecido enclavar y bases marítimas en la periferia de todos los continentes: Gibraltar en Europa, Ciudad del Cabo en África del Sur, Hong Kong en Asia, Terranova en América del Norte, Belice en América Central, Guyana en el norte de América del Sur y Buenos Aires, ocupada militarmente en 1806 controlada económicamente de ahí en adelante, como base de operaciones para la Cuenca del Plata, la Patagonia, y toda la América meridional como lo hemos analizado detenidamente en toda la extensión de este trabajo. La enumeración de islas, enclaves y bases marítimas que hemos formulados es sólo ejemplificativa y no enunciativa de su totalidad.

    Así, resulta evidente que el imperio Británico y su sucedáneo nominativo el Commonwealth (Common: común, Wealth: riqueza) ha crecido en forma de encina (6) en todas las épocas de las eras colombinas. Con los Tudor, con los Estuardos, con la República de Oliverio Cronwell, con los Hanoover y con los Windsor. Con los Wings o con los Tory. Con los conservadores de Winston Churchill o Margaret Tatcher o con laborista de Clement Attle, las raíces troncales de esa encina se hallan en el hemisferio austral: Nueva Zelandia, Australia, África del Sur y la Patagonia Argentina.

    Es imperioso recordar que por la proyección de esos cuatro ramales el poder británico se inserta en la Antártida (7).

    Conocer lo expresado, aunque más no sea en ser enunciado es decisivo para comprender la maltrecha política interna y el destino de nuestro martirizado país. Porque, como afirma un viejo aforismo “el que conoce tan solo su propio país tampoco conoce a éste”. Por eso en nuestras escuelas primaria, secundarias y universidades se enseña únicamente la Argentina de los adjetivos calificativos y de las biografías de los gobernantes oponentes: “dictadura” o “democracia”, “Rosas” o “Sarmiento”. El mapa Argentino del canal de Beagle o del Riachuelo de Buenos Aires o de Viedma. Jamás un planisferio. De esta manera la explicación integral de una política sostenida nunca se formula.

    El Océano Atlántico es el “mare nostrum” británico afirman R. Henning y L. Körholz y ya se hallaba dominado por los efectivos navales ingleses mucho antes de la independencia americana (8). En este qué hacer fue determinante, para la hegemonía británica la actividad de piratas, bucaneros y corsarios, esto es, de los guerrilleros del mar que entre los siglos XVI y XVIII destruyeron el poder marítimo español.

    En la tesis geopolítica de Sir Halford Mackinder, la historia de la humanidad es un ininterrumpido conflicto entre las dos regiones que antes hemos descrito: 1) la gran masa terrestre e islas del mundo que es expansiva, crece como la hiedra y ejerce una fuerza centrípeta, 2) el gran anillo insular y la periferia con bases marítimas que es la multiplicadora crece como la encina y ejerce una fuerza centrífuga.

    Esto se traduce en una supremacía marítima frente a un equilibrio de las potencias terrestres o en una supremacía terrestre frente a un equilibrio de las potencias marítimas. Mackinder explica que para mantener su tendencia a la supremacía, Rusia se deshizo de Alaska, porque para los rusos no poseer nada sobre el mar es tan importante como para los británicos no poseer nada fuera del océano (9). En una eventual alianza entre Rusia y Alemania, Mackinder advierte la gran amenaza para el Imperio Inglés (10). Esta alianza se dio en dos momentos de la historia: está Napoleón I y el zar Alejandro cuando en el río Niemen el 25/06/1807 se pusieron de acuerdo para asfixiar a Inglaterra por el bloqueo continental  y cuando Molotov y Ribbentrop firmaron el pacto ruso-germano en Moscú, el 23/08/1939.

    La conquista del aire en el siglo XX a puesto a disposición del poder terrestre un elemento para enfrentar al poder marítimo, que en el siglo XIX no contaba. R. Kenning y L. Körholz son terminantes al afirmar que “ la declinación de la gran bretaña será provocada por un nuevo y trascendental factor en la historia de la humanidad, a saber, el “arma aérea” (11). En la guerra por la Reconquista de las Islas Malvinas iniciadas el 02/04/1982, la Argentina exhibió un poder aéreo que constaba la exactitud de esta tesis a la vez que desarticula el esquema del Sr. Halford y Mackinder.

    Frente a todo esto, los EE.UU. se habrán convertido en una potencia oriental pronosticaba Makinder: observamos que esto es históricamente cierto desde que Washington y Pekín estrecharon relaciones en la década de 1960. El autor que comentamos agrega que esta posición de los EE.UU aparece con el canal de Panamá en 1902 lo cual permitió a los norteamericanos disponer del pacífico, del Missisipi y del Atlántico por sí mismos.

    A partir de entonces la línea divisoria entre el Este y el Oeste es el Océano Atlántico (12).

    La dilucidación de todo este conflicto reside, según Mackinder en el rol que suma la América del Sur porque con “el desarrollo de las grandes potencialidades de América del Sur pueden tener una influencia decisiva en el sistema” (13).

    En otras palabras: el destino del mundo, hoy en 2002, como ayer durante las guerras napoleónicas que terminaron en Waterloo en 1815 está dado por la posesión de América del Sur. De ahí el significativo título de la obra del Teniente General Perón “América Latina-Ahora o nunca”, un título de dos palabras que lo explican todo (14).

    La tercera posición de Perón fue en términos políticos un concepto hemisférico frente a la gran masa terrestre con corazón en Rusia (Hearthland) y frente al gran anillo insular con corazón en Gran Bretaña (Heart Sea). Si la América del Sur puede tener una influencia decisiva, las américas hemisféricas pueden tener una fuerza propia, centrífuga y centrípeta. De tierra. De mar. De aire. Una nueva alternativa para la humanidad. El hombre puede y debe cambiar el curso de la historia.

    Lo expuesto hasta aquí nos permite comprender que no era casual la presencia de Jean Adam Graaner, veedor del Zar de Rusia y del Rey de Suecia, en el Congreso de Tucumán de 1816 (15). Es evidente que tampoco fue un quehacer turístico su regreso a Buenos Aires en 1818, su estadía en San Luis y en Mendoza estudiando minerales y su paso a Chile para hacer lo mismo. El destino de Graaner lo confirma: en 1819 partió del Valparaíso rumbo a Calcuta con el propósito de ir a su país por tierra atravesando Persia y Asia Menor hasta Constantinopla y desde allí a Suecia. Pero sorpresivamente en Calcuta por causa de una enfermedad súbita, aparece embarcado en un navío inglés en el que falleció el 24/10/1819 a la altura del Cabo de la Buena Esperanza (16) un final similar al de Mariano Moreno.

    Con la muerte de Graaner, representante del Hearthland, el camino quedó libre la Woodbine Parish representante del Hearth Sea. Los hechos europeos especificados en el memorando de la Legación Peruana en Londres de fecha Enero 7 de 1826, se dieron con la prospección que allí se refiere: la muerte súbita del Zar Alejandro I en 1825, llegó primero al trono a su hermano Constantino I y así inmediatamente a Nicolás I que gobernó a Rusia desde 1825 hasta 1855. A diferencia de Alejandro I, que pretendía restaurar el Imperio Español en América a través de la Santa Alianza monárquica, Nicolás I volcó todo el poder militar de su país en la ampliación de las fronteras rusas y anuló los proyectos de sus antecesores con relación a América por vía de ayuda a España. En 1826 conquistó la zona de Erivan que correspondía a Persia y la anexó a Rusia. Entre 1827 y 1829 intervino junto con Francia e Inglaterra a favor de Grecia contra Turquía y en 1854 lanzó a su país a la guerra de Crimea donde fue perdedor ante las fuerzas coaligadas de Turquía, Francia e Inglaterra. Paradojalmente, de los planes garistas para América del Sur y la Argentina, sólo quedó como símbolo desapercibido, la locomotora “La Porteña” que los ingleses emplearon en Crimea y luego en 1857 como gran novedad tecnológica la arrojaron a nuestro país para iniciar la era del Virreinato ferroviario.

    Coetáneamente con la muerte de Alejandro I, se afirmó la ubicación de Buenos Aires “en el gran anillo y en la periferia con bases marítimas” con centro en Londres para ello, en ese año de 1825, se incorporó nuestro país a la estructura financiera de los empréstitos internacionales.

    El primer empréstito fue contratado en 1824, con la casa Baring Brothers en virtud de la autorización de la junta de representantes de la Provincia otorgada por ley sancionada el 19 de Agosto y promulgada el 22 de Agosto de 1822 (17). Sobre este primer empréstito existe una abundante bibliografía (18), manera sutil ésta de hacer olvidar la cadena de empréstitos posteriores y en especial los de los tiempos del “proceso”. En verdad es llamativo el hecho de que hayan tantos autores que se ocuparon del primer empréstito y que no haya uno solo que hubiese encarado en continuismo detallado de todos los que siguieron hasta nuestros días, con indicación de tantos datos como los que se vierten sobre el empréstito de 1824.

    Un análisis de tal naturaleza todavía es agucidado por el país, con indicación de imputaciones económicas, causas jurídicas, con posición, forma y plazos de amortización y valor de mérito económico.

    El empréstito en cuestión se perfeccionó por la aceptación que hizo la casa acreedora, Baring Brothers, y el 2 de julio de 1824. En la nota de aceptación dirigida al gobierno de las Provincias Unidas, los acreedores expresan que ven en la operación “una conexión futura con los intereses de la Europa(19). Apenas siete meses después, el 2 de Febrero de 1825, Gran Bretaña reconocía la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, a través de la firma del Tratado de Amistad Comercio y Navegación suscripto por el Cónsul Woodbine Parish y el Ministro Secretario de Gobierno, Hacienda y Relaciones Exteriores de las Provincias Unidas, por ley Fundamental del 23 de Enero de 1825, Don Manuel José García.

    La sincronización de fechas no da lugar a dudas que el empréstito de 1824 fue el precio pagado por el Gobierno de Buenos Aires para obtener el reconocimiento de la independencia “de su nueva y naciente república” (sic.) conforme nos denomina la nota de la Casa Baring Brothers del 2 de Julio de 1824 (20).

    Las presunciones graves, precisas y concordantes que existen entre ambos actos, el empréstito y el tratado de amistad, comercio y navegación, lleva obligatoriamente a la conclusión jurídica sentada en el párrafo precedente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

    El primer empréstito y todos los que hasta hoy se han sucedido fueron el arma que se ha utilizado para mantenernos en la ubicación geopolítica que hemos mencionado anteriormente.

    Cada país de hispanoamérica que nacía, lo era en condición de deudor. Sin excepciones. Veamos al caso de Perú, allí, fracasada la conferencia de Punchauca del 2 de junio de 1821, donde San Martín sienta la propuesta de que “la independencia del Perú no es inconciliable con los intereses de España” y a la cual nos hemos referido extensamente (21) el 28 de julio de 1821 se declara la independencia del Perú y el 2 de agosto de 1821 San Martín asume el título y las funciones de “Protector del Perú”. La guerra no ha terminado... pero el 24 de diciembre de 1821 Don Juan García del Río Ministro de Relaciones Exteriores y el Doctor Diego Paroissien, médico de San Martín, son enviados por el Consejo de Estado del Perú  como Ministros Plenipotenciarios de Europa, con una misión muy concreta.

    1)     “... negociar la alianza o la protección de Gran Bretaña y aceptar un príncipe de la casa reinante de ella para ser coronado emperador de una monarquía limitada en el Perú con la condición de aceptar la constitución que le diesen los representantes de la nación. En caso de encontrar obstáculos insuperables por parte del gabinete británico, se haría la misma proposición al Emperador de Rusia, como único capaz de rivalizar con Inglaterra, aceptando un príncipe de su dinastía o el candidato a quien el Emperador asegurase su protección. En defecto un príncipe de la casa de Brunswick de Austria o de Rusia, se declaraba aceptable alguno de Francia o Portugal y en último caso, al Príncipe de Luca, antiguo soberano imaginario del Río de la Plata, este, con la condición de no ser acompañado de la mejor fuerza armada”. (22)

    Como es de apreciar, la geopolítica de Inglaterra-Europa era condicionante en extremo. San Martín pretendió soslayarla en Punchauca pero no pudo. El hombre y sus circunstancias... Un hombre de carne y huesos. No un mito, ni una deidad ridícula como se insiste trastocar al San Martín humano.

    2)     “Nombrose para desempañar esta misión a García del Río y a Paroissien con el encargo conjunto y ostensible de negociar el reconocimiento de la independencia del Perú y un empréstito en Londres” (23).

    El monto de este empréstito se hallaba autorizado en tres o cuatro millones de pesos con un interés del 8 al 10 por ciento y pagaderos en diez años (24). Obsérvese que el monto de “tres o cuatro millones de pesos” es la misma cantidad que se menciona en el art. 1 de la Ley dictada  por la Junta de Representantes de la Provincia de Buenos Aires del 19-22 de agosto de 1822 “Tres” o “Cuatro”, lo mismo daba...

    Pero el paralelismo entre el empréstito argentino y el peruano no se limitaba a las cantidades: los motivos que los preceden y en los cuales una forzada posteridad intentará justiciarlos, fueron los mismos en Lima y en Buenos Aires.

    En Buenos Aires, la necesidad empréstito se pretende justificar en la falta de metálico para el fisco o Caja del Estado y para los particulares, se halla en hachos idénticos.

    San Martín terminó sus días en un exilio sin retorno. Bernarde de Monteagudo mentor de su pensamiento hispanoamericano fue asesinado en una calle de Lima en la noche del 28 de enero de 1825. Mariano Billinghurst dio más tarde detalles de esta muerte” (29). Billinghurst es recordado en Buenos Aires con una calle que lleva su nombre, por ser el primer súbdito británico que obtuvo ciudadanía argentina.

    Analizando el fenómeno de los empréstitos cincuenta años después, Alberdi observa que “la deuda externa de Sud América viene a ser la deuda hipotecaria del mundo”. A continuación traza este esquema:

 

                                     (*) DEUDA INGLESA DE LOS ESTADOS DE LA AMERICA DEL SUR

                                                                                                                                                                                                                                                                                                        (30)

 

    En la obra que estamos comentando, Alberdi asienta estos importantes conceptos:

    1)     Referencia al área geográfica donde se domicilian los acreedores.

    “Las empresas de producción y de mejoramientos económicos son el pretexto invocado por la especulación de los dos mundos (Europa y América del Sur), pero la verdadera inversión que recibe el producto de tales empréstitos se divide por mitades: una de las dos especulaciones, la otra para empresas de guerras, que también son industriales en el sentido en el sentido que son hechas para enriquecer a sus promotores y arruinar a sus antagonistas políticos”.

    “Las guerras que asolado al Paraguay y al Entre Ríos se han hecho con el oro de los ingleses. Díganlo sino la historia de los empréstitos argentinos de 1860 y 1874 y los hechos al Brasil por ese tiempo” (31).

    2)     Con respecto al carácter incobrable de la deuda:

    “Como crédito hipotecario, el de Europa sobre América es el más ruinoso de todos, porque es inejecutable: no se puede pensar aquí en el remate público de todo un mundo, de dieciséis naciones a la vez” (32).

    “El castigo de los prestamistas está en los efectos que las crisis, nacidas de esas guerras, hacen pesar sobre ellos” (33).

    Con estas palabras Alberdi, fundamenta el carácter político y no jurídico de la deuda externa. De la Argentina y de todo el Continente.

    3)     Sostiene que la independencia se convirtió en transferencia:

    “La América del Sud, emancipada de España, gime bajo el yugo de su deuda pública.”

    “San Martín y Bolívar le dieron su independencia, los imitadores modernos de esos modelos le han puesto bajo el yugo de Londres.”

    “Este es el gran problema de su política actual”.

    “La guerra que le dio su libertad, le ha dado la cadena de su deuda” (34).

    4)     Nombre y apellido de los gobernantes que contrajeron la deuda:

    “ Las ocho décimas partes (de la deuda Argentina) son de origen reciente. En la parte extranjera de esa deuda no hay nada que pertenezca a los gobiernos de Rosas y Urquiza”. El Paraguay de los López, tampoco dejó deuda (35).

    “ He aquí el cuadro de su cronología y carácter” (36).

  

                                                            EMPRÉSTITOS

    Hemos trascripto los conceptos precedentes de Alberdi, porque son de absoluta claridad y de plena actualidad. Es más, el volumen mismo de la deuda Argentina y de la deuda de América Latina se mantiene así constante, si medimos los guarismos de ella en función de su valor intrínseco o sea en la capacidad de adquisición de esa masa monetaria. En efecto, la deuda pública Argentina al 31 de diciembre de 1986 (excluida la deuda externa privada Argentina) llegaba a un total de 43.167 millones de dólares, conforme información oficial de la Secretaría de Hacienda publicada en “La Nación” el 15 de abril de 1987 página 1. La deuda externa de Iberoamérica a diciembre de 1985 era de 370.000 millones de dólares (37). El cálculo resulta fácil si se tiene en cuenta que una libra esterlina se cotiza aproximadamente a dos dólares. Esto es un dólar equivale a media libra.

    Alberdi enfatiza que “La Europa presta al suelo, no al hombre, cuando presta su riqueza a los Estados de América del Sud” (38) y que “el suelo viene a ser el único deudor, el trabajador, y el único pagador de las deudas de Sud América en Europa” (39) y que todo esto se traduce en “las crisis económicas en que perecen las riquezas prestadas para el prestamista y para el deudor” (40). Este párrafo es muy importante. En él, Alberdi nos advierte de la culpa concurrente que existe entre las bancas acreedoras europeas y los gobiernos tomadores de los innecesarios empréstitos. Al respecto dice Alberdi:

    “Los torrentes de oro tomados por riqueza o signo de riqueza argentina en los últimos años de prosperidad, eran riqueza inglesa, no argentina, riqueza extranjera inmigrada en el país, como su población europea, originada en un trabajo y en un ahorro que no eran virtudes del país porque eran el trabajo y el ahorro de un país extranjero que los produjo, los acumuló y los prestó a la República Argentina” (41).

    Y refiriéndose al despilfarro de los dineros recibidos a través de los empréstitos, dice Alberdi:

    “el que se ajena la riqueza que ha perdido, no quita que sea propia la deuda que ella le ha dejado y el gasto del pago de sus intereses, como su gasto originario de siglos, gracias a Mitre, Sarmiento y Cía. Los nietos de nuestros nietos llevarán sobre su cuello el yugo que les deja en herencia la amabilidad de esos gobiernos” (42).

    Alberdi se pregunta qué es lo que hace la América deudora para salir de este atolladero. Y si hesitación contesta sin cortapisas “Busca en la Guerra los medios de pagar su deuda” (43).

    Ejemplificando lo dicho, se refiere a las guerras por cuestiones de límites que, ayer como hoy, aparecen como la única respuesta a las cuestiones de la deuda externa:

    “De ahí que las cuestiones de límites, que no son límites, sino de países que están sin límites porque están sin habitantes” (44).

    Alberdi concluye que:

    “Es la economía política y no en el derecho de gentes la que debe dictar las soluciones de los problemas de límites, que amenazan con nuevas guerras a los Estados empobrecidos e insolventes” (45).  

Dr. Julio C. Gonzalez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     En el diagrama de Alberdi, se ubican episodios contemporáneos a los cuales es ineludible referirse. Tales son:

    Sustitución del Ejército y Deuda Externa.

    1) Durante el gobierno constitucional del 25-5-73 al 24-3-76 el Poder Ejecutivo Nacional no contrató ningún empréstito exterior. Ni el Presidente Héctor J. Cámpora, ni el Presidente Juan Domingo Perón, ni la Presidente María Estela Martínez de Perón suscribieron jamás ningún decreto de endeudamiento externo.

    El Teniente General Juan D. Perón fue inflexible en su política de no contraer ninguna clase de deudas con el exterior. Es esta una definición de su personalidad y de su política que no se ha valorado suficientemente. En tal política hay una coherencia absoluta en los tres gobiernos del peronismo: en el que transcurre desde el 4-6-1946 al 4-6-1952, en el que se sigue desde esa fecha hasta el 16-9-1955 y en el ejercicio desde el 25-5-73 hasta el 24-3-1976. La República Argentina gobernada por el Teniente General Perón, concurrió a la conferencia constitutiva del Fondo Monetario Internacional en 1946 pero no se incorporó al organismo bancario internacional ni verificó ningún negocio con el mismo. En España, en abril de 1969, conversamos personalmente con el General Perón sobre este tema. Refiriéndose al mismo, el General Perón nos dijo: “cuando la delegación argentina nos presentó su informe desistimos de incorporarnos al Fondo Monetario. Yo vi enseguida que era un sistema inventado para estafar a la gente, a los gobiernos y a los países”. Por eso en las décadas de los gobiernos peronistas (1946-1955) la Argentina estuvo ausente del F.M.I. Otro país que observó una conducta similar fue Rusia que después de firmar el acuerdo constitutivo del Fondo Monetario Internacional se retiró del mismo sin dar explicaciones (46).

    Al 16 de septiembre de 1955, fecha en que fue derribado el segundo gobierno del General Perón por una rebelión delictiva, la República Argentina no tenía deuda externa. El General Eduardo Lonardi al dar lectura al informe del economista Raúl Prebisch, adjudicó al gobierno del General Perón una deuda externa de 757 millones de dólares y una reserva de 450 millones de dólares (47).

    Ambas cifras eran falsas. Lonardi ignoto en materia económica, desconocía lo que leía. Arturo Jauretche demostró en un libro que ya tiene la jerarquía de un clásico, “El retorno al Coloniaje”, que la realidad era otra: nuestro país tenía créditos por convenios bilaterales por 233 millones de dólares y pagos diferidos (o sea por plazos acordados) por importaciones por 409 millones de dólares. Esto es, que se trataba de créditos recíprocos por el intercambio de mercaderías que era un sistema de cuentas corrientes de la misma índole del que utilizaban los comerciantes en sus negociaciones. En cuanto a las reservas ascendían a 620 millones de dólares (48).

    El gobierno de hecho ejercido por el General Pedro Eugenio Aramburu y por el Contralmirante Isaac Francisco Rojas dispuso por Decreto ley Nro. 15.970 del 31 de Agosto de 1956 el ingreso de la Argentina al Fondo Monetario Internacional con una cuota que se estableció en 150 millones de dólares. La Argentina aportó inmediatamente el 25% de esa suma o sea 37,5 millones de dólares en oro y el 75% restante en pesos moneda nacional. En 1959 el gobierno del Dr. Arturo Frondizi aumentó esa cuota a 280 millones de dólares y en 1966 el gobierno del General Juan Carlos Onganía la elevó a 350 millones de dólares (49).

    Con la incorporación de la República Argentina al Fondo Monetario Internacional quedaron suprimidos los tratados y acuerdos comerciales bilaterales y la presencia promotora del Estado en la expansión del comercio exterior. El control de cambios quedó prohibido por el F.M.I. De esta manera se desató una incontrolable especulación con la compraventa de moneda extranjera. El agio de dólares reemplazó a la producción de cosas. El axioma de Perón “producir”, “producir” y “producir” quedó erradicado del idioma político argentino.

    Para que todo esto fuera posible, se cumplieron los siguientes hechos que encuadran perfectamente en el esquema trazado por Alberdi:

    ... 16 de junio de 1955: bombardeo de la Ciudad de Buenos Aires, en plena paz y al mediodía, con un saldo de varios centenares de muertos en la inocente población civil que desarrollaba sus actividades a esa hora. No hubo cifras oficiales.

    ... En la lucha para derrocar al General Perón a su gobierno constitucional toma parte activa una potencia naval extranjera (Inglaterra) conforme lo acredita y denuncia formalmente en el Congreso el Diputado Nacional Doctor Oscar Alende (sesión de la Cámara de Diputados de la Nación. Agosto 10-11 de 1955 Reunión 30) (50).

    ... 9 al 12 de junio de 1956: fusilamiento de dieciocho militares del Ejército y de catorce ciudadanos civiles por la tentativa de restaurar el orden constitucional. Fue esta la única vez que en nuestra historia fue fusilado un General. Nos referimos al General de División Juan José Valle quien en sus últimos minutos de vida dirigiéndose a sus verdugos escribió estas palabras: “Es asombroso que ustedes, los más beneficiados por el régimen depuesto y sus más fervorosos aduladores, hagan gala ahora de una crueldad como no hay memoria” (51).

    Para que estos sangrientos hechos y sus nefastas implicancias económicas tuvieran carácter irreversible, se procedió a sustituir integralmente el cuadro de oficiales del Ejército Argentino que no había sido defensor de la gran política económica exterior construida por el Presidente Teniente General Juan Domingo Perón.

    Rebelión y Deuda Externa

    2)     La deuda externa dejada por la administración de hecho del General Alejandro Agustín Lanusse al 25 de Marzo de 1973 ascendía aproximadamente a 5.000 millones de dólares, suma casi igual a la fuga de capitales que habían producido las liberalidades cambiarias impuestas al país tras el derrocamiento de Perón (52).

    Esa deuda externa exhibía el siguiente cuadro de incremento acumulativos:

Final del año 1955  :           600 millones de dólares

                        1958  :         1493 millones de dólares

                        1961  :         1670 millones de dólares

                        1963  :         2113 millones de dólares

                        1965  :         1970 millones de dólares

                        1967  :         1193,9 millones de dólares

                        1971  :         5000 millones de dólares.

    Tomamos estos datos de la obra estadística de Luis Vitale citada precedentemente. Este autor señala que entre 1955 y 1963 la nación Argentina debió tributar por los empréstitos la suma fabulosa de 1900 millones de dólares en concepto de intereses y amortización parcial.

    Los pagos más onerosos de esa deuda correspondían a los años 1973, 1974, 1975 y 1976 (53). Es sintomático que para gobernar el país en esa época se haya convocado a elecciones con imprevista celeridad. Nadie ha estudiado esta coincidencia que está estrechamente relacionada con otra cuestión siempre silenciada. Tal es el hecho de que, con la asunción del gobierno constitucional el 25 de Mayo de 1973, la Junta de Comandantes de las Fuerzas Armadas no se disolvió, quedó como organismo de supervisión del nuevo gobierno. El general Lanusse en sus memorias lo dice expresamente:

    “Ratificaré mi convicción de que el próximo gobierno debía ser de ‘transición’, ... expresando: Los hechos nos están demostrando que será muy difícil el pretender pasar el estado actual en que se desenvuelve el país a un estado ideal de plena vigencia de todas las instituciones”. “Es evidente que se requiere un período de acondicionamiento y de acostumbramiento para la vida en democracia tal cual la concebimos” (54).

    Por esta razón el ex Presidente de hecho Lanusse, señala que de acuerdo con los integrantes de la comisión Coordinadora del Plan Político, General Betti, Brigadier López y Almirante Massera,

    “Se resolvió hacer efectiva la rotación de la Presidencia de la Junta de Comandantes en Jefe, después de la asunción del gobierno, por parte de las autoridades constitucionales” (55).

    El Gobierno electo el 11 de marzo de 1973 había resultado así un gobierno condicionado. “El entendimiento con el peronismo, prosigue Lanusse, debía llevarse, fundamentalmente, a través del sindicalismo” y “el acuerdo debía establecerse antes de la determinación de las candidaturas” (56).

    En este orden de condiciones, una de las imposiciones más duras que se hicieron fue que el peronismo no se presentara a elecciones como un partido autónomo, ni que gobernara como tal sino como integrante de una coalición.

    Así el gobierno que asumió el 25 de mayo de 1973 con Héctor Cámpora y Vicente Solano Lima, como gobierno que asumió el 12 de octubre de 1973 con el Teniente General Juan Domingo Perón y María Estela Martínez de Perón era un gobierno con estas parcialidades:

    a)     Hipotecado por la deuda externa.

    b)    Jaqueado por una subversión iconoclasta.

    c)     Tutelado por una Junta Militar que subsistía.

    d)    Desarticulado por una coalición heterogénea que integraba el Congreso a través de una complicada representación proporcional.

    e)     Con un mandato limitado a 4 años de duración que había sido impuesto por un remiendo grotesco al texto de la Constitución Nacional de 1853, suscripto por el mismo Lanusse.

    f)      Con la prohibición de restaurar la política energética “según el mandato de la Constitución de 1949” (57).

    En síntesis el esquema en que debía desenvolverse el tercer gobierno peronista era el esquema típico que los ingleses han trazado siempre para los países de su periferia colonial: una representación pluripartidista, proporcional, con periodicidad escasa en el tiempo y un poder bien dividido para que nadie mande, el pueblo se confunda y el capital extranjero y sus empréstitos no puedan ser perturbados.

    La condena de muerte al gobierno así instalado fue pronunciada en Europa coetaneamente con el fallecimiento del Teniente General Perón en Julio de 1974. En esa fecha el Mercado Común Europeo cerró sus puertos a las importaciones de carnes argentinas. La principal fuente proveedora de divisas para el país quedó suprimida (58).

    No obstante estos condicionamientos bestiales, el Gobierno peronista electo el 11 de marzo de 1976 dejando la misma deuda que había encontrado el 25 de mayo de 1973. Gobernó todo el período sin contratar ningún empréstito. Desde la Secretaría Técnica de la Presidencia de la Nación nos cupo el honor histórico de mantener esta política, oponiéndonos férreamente al facilismo económico de los empréstitos que propiciaron los sucesivos Ministros de Economía de ese período. Cumplimos de esta manera con la palabra empeñada por el General Perón durante la campaña electoral de los comicios de 1973: “Liberación o Dependencia”. La deuda externa al 24 de marzo de 1976 era de aproximadamente 6.000 millones de dólares (59). Frente a esto, las reservas del banco Central eran exiguas. Demostramos al mundo, de esta manera, que la pobreza de un país no es incompatible con su independencia patrimonial y la libertad económica de sus ciudadanos.

    Pero el mérito de gobernar repudiando a la usura internacional, que para cualquier Estado civilizado es una proeza, para el antropófago gobierno del “Proceso” fue sinónimo de corrupción y subversión. Los plumíferos del sistema colonial consideraron que el no haber contratado empréstitos fue lo que hizo caer el telón el 24 de marzo de 1976. Entonces, dice uno de ellos “se dio vuelta la página y el país respiró hondo” (60).

    Pero si el país de este individuo respiró hondo, el país de los argentinos fue ahogado en cárceles y cementerios.

 

    Terrorismo y Deuda Externa

    3)     Durante el gobierno del “proceso” la pornografía necrofílica fue una realidad dantesca que saliendo de la literatura, fue incrustada bestialmente en la vida de millares de seres humanos de carne y hueso. La Argentina exhibió ante el mundo un genocidio de treinta mil personas. De ellas más de siete mil desaparecieron después de ser secuestradas y no tuvieron el descanso de un sepulcro. “Detrás del alegado propósito de combatir a la minoría terrorista, se consumó un verdadero genocidio”, leemos en el Informe Oficial de la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas” (61). Damos fe de esta conclusión. El peligro subversivo fue un pretexto sobredimensionado adrede. El gobierno constitucional abatido el 24 de marzo de 1976 había tomado todos los recaudos legales para combatir el terrorismo y su aplicación fue eficaz. Nos referimos, a la ley 20.840 sancionada por el Congreso el 28-9-1974 y promulgada por el Poder Ejecutivo el 30-9-1974 que fue tipificada como delitos los actos terroristas bélicos y económicos y encargaba su conocimiento a la Justicia Federal Argentina con severísimas penas para los responsables, previas las garantías del debido proceso, esto es con acusación, prueba y defensa (62). No debe confundirse esta ley, con el Decreto Nro. 2772 del 6 de octubre de 1975 que ordena a las Fuerzas Armadas “aniquilar el accionar de los elementos subversivos en todo el territorio del país” (63).

    Este Decreto fue firmado: por Italo Luder entonces senador a cargo interino del Poder Ejecutivo y ahora diputado nacional electo por la Provincia de Buenos Aires, por Antonio Cafiero entonces Ministro de Economía ahora gobernador electo de la Provincia de Buenos Aires y por Carlos F. Rukauf entonces Ministro de Trabajo y ahora diputado nacional electo por la Capital Federal. Todos ellos integrantes ahora del “peronismo renovador”.

    Con la ley 20.840 se cumplió un principio férreo del Teniente general Perón quien al ordenar la redacción de esa ley expresó: “yo no le voy a hacer la guerrilla a la guerrilla, dentro de la ley todo, fuera de la ley nada”.

    Por el contrario con el Decreto 2772/75 se llevó a cabo un aniquilamiento de exterminio. De terroristas, de posibles terroristas, y de millares de inocentes. En ese decreto, había una falencia elemental: no se explicaba el alcance de la palabra “aniquilar” ni se decía quiénes eran taxativamente “elementos subversivos”. ¿Lo fueron acaso los diplomáticos Elena Holmberg, Marcelo Dupont o Héctor Hidalgo Solá? ¿o el Capitán de Ultramar Horacio F. Gandara?. La enumeración de nombres de desaparecidos que no tenían ningún atisbo de vinculación con subversivos o con asociaciones ilícitas de ese carácter, es muy extensa.

    Este decreto produjo un efecto inverso. Los criminales subversivos fueron publicitados como mártires y las víctimas de la subversión fueron reputados victimarios por toda la prensa mundial. El senador Luder, al firmar este decreto, demostró una imprecisión que fue a la postre un soporte jurídico para el holocausto argentino. Ese holocausto fue el que hizo posible este endeudamiento externo.

 

    1977                                                       8.279.500.000 dólares

    1978                                                     12.496.100.000 dólares

    1980                                                     27.162.000.000 dólares

    1982                                                     43.634.000.000 dólares

    1983                                                     44.438.000.000 dólares

 

    Genocidio y Deuda Externa fueron pues, directamente proporcionales.

Dr. Julio C. Gonzalez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

    Fronteras y Deuda Externa

    Durante los cuatro primeros años de la guerra de la Triple Alianza contra la Ex Provincia Argentina de Paraguay, en los presupuestos nacionales leemos estas cifras:

    Año 1866              $5.891.414,10

    Año 1867              $7.771.030,43

    Año 1869              $3.647.952,50

    Año 1866              $     43.319,39

    Año 1867              $1.540.916,26

    Año 1869              $4.248.200,36

    Estas cifras están insertas en el prólogo de J. N. González, en la obra “Cartas polémicas sobre la guerra del Paraguay”, edición Guaraní, Asunción, Buenos Aires. 1940 y se hallaban reproducidas por E. J. Gimenez Vega en un trabajo sobre este tema (65). Este autor, comentando esos guarismos observa que en 1869 “se invierten mayor cantidad de recursos” para exprimir la voluntad de las Provincias de “vivir en paz con el Paraguay” que en la misma guerra exterior (66).

    La cuestionada guerra fue precedida por un empréstito de 2.500.000 libras esterlinas aprobado por ley del 27 de mayo de 1865 y cuya concertación en Londres fue encomendada a Norberto de la Riestra un ex empleado de la casa de comercio de esa ciudad. Luis Vitale en la obra que hemos citado documenta lo siguiente: “El empréstito se contrajo a un tipo, termino medio del 69,5%... Sarmiento protestó porque habían firmado un compromiso que, además de desventajoso, prohibía por un tiempo prudencial negociar un nuevo empréstito con la banca europea” (67).

    A fines del siglo pasado, la fijación de las fronteras con Chile, a raíz del tratado de Límites de 1881 generó un problema de límites que, ha garantizado hasta el presente la enemistad permanente entre las dos naciones. Los aprestos bélicos por esa causa han sido constantes hasta nuestros días. Luis Vitale recuerda, que en 1892 al acreciar el peligro de una guerra, el Ministro de Estados Unidos en Buenos Aires, ofreció al Gobierno Argentino fondos equivalentes a 100 millones de pesos. Esta oferta fue inmediatamente puesta en conocimiento del gobierno británico. La respuesta de Londres no se hizo esperar: la amenaza de guerra se esfumó y un enfrentamiento aduanero entre Buenos Aires y Washington, con el pretexto de un arancel referido a los cueros de procedencia argentina, dio un corte fulminante a la proyectada alianza económica argentino-norteamericana, que tanto preocupó en Londres (68). Inglaterra habla por sus actos y los reafirma con su silencio. Sus colonias y neocolonias se expresan en cambio a través de la verborragia ridícula e inocua de sus gerentes.

    Al terminar el siglo XIX el conflicto limítrofe Argentino-Chileno comienza para mantenerse inalterable. Ambos países encargan la construcción de buques de guerra a Europa. En 1899 el gobierno chileno prepara planes de guerra para ocupar la ciudad de colonia y desde esa base bloquear el Río de la Plata (69). La amenaza de guerra es inminente. Y la oportunidad para un nuevo empréstito no se hace esperar. Carlos Pellegrini entonces senador nacional y Ernesto Tornquist poderoso financista porteño se dirigen a Europa en 1901 y llevan la autorización del gobierno de unificar la deuda externa pública externa... que comprende unos treinta préstamos diferentes... para unificarlos en uno solo con una tasa de interés uniforme. El proyecto de unificación fue presentado al Congreso en junio de 1901 con las siguientes bases: “emitir 345 millones de pesos oro en títulos de deuda externa, que devengarían el 4% de interés anual pagadero trimestralmente y que serían amortizados dentro de los 50 años a partir del 1ro. de enero de 1905” “Estos títulos se aplicarían exclusivamente a convenir o amortizar toda la deuda externa e interna en oro”. El 8% de los ingresos diarios de la Aduana se aplicaría al pago de la renta y amortización de estos títulos” (70). Esos ingresos eran pagados en oro metálico.

    José A. Ferry, el genial profesor de Finanzas Argentinas, calificó todo esto de “un negociado escandaloso que los argentinos no podían tolerar” (71). Al conocerse el proyecto, una multitud enardecida atacó la casa particular del presidente Roca ubicada en la calle San Martín 577 Buenos Aires y corría el rumor de que el Presidente y su familia “se habían refugiado en el hotel Royal” comenta el diplomático norteamericano William Paine Lord, testigo de estos acontecimientos quien destaca que “el populacho atacó al Dr. Pellegrini” (72). La batahola fue tan grande que el gobierno debió declarar el estado de sitio para enfrentar la justa ira del pueblo contra el proyectado empréstito. Esto no debe extrañarnos. Al nacer el siglo XX la población de nuestro desdichado país todavía estaba compuesta por una apreciable proporción de criollos.

    La situación internacional evitó la guerra con Chile y también el empréstito proyectado para llevarla a cabo. En la misma época los bolvo, descendientes de los holandeses, habían independizado África del Sur constituyendo la República de Trascaal. El gobierno de Trascaal fue vencido y su territorio quedó incorporado al Imperio Británico. Por lo tanto Gran Bretaña no podía permitir la formación de otro frente en el Atlántico Sur.

    Para las conveniencias británicas el diferendo argentino-chileno debió suspenderse para otra ocasión. Para ello se empleó el siguiente procedimiento:

    1)  En marzo de 1902 el banquero porteño Ernesto Tornquist se dirigió a las casas bancarias Baring y Potchschild solicitándoles la intervención del gobierno británico para que Chile y Argentina cancelaran las órdenes de compras de los acorazados que habían mandado construir en Alemania e Italia. El equipamiento naval de ambos países se interrumpió (73).

    2)  En abril de 1902 “La Nación” publicó un editorial firmado por Emilio Mitre con un “tajante pronunciamiento en contra de la intervención argentina en las cuestiones del Pacífico” “Coincidiendo así con un estadista chileno” dice Ricardo A. Paz (74).

    3)  El 28 de mayo de 1902 se firmaron tres importantes documentos argentino-chilenos. Son los que se conocen con los nombres de “Pactos de Mayo” y que se integraban con un Acta Preliminar, el Tratado General de Arbitraje y la Convención sobre Limitación de Armamentos Navales. El arbitro designado fue J. M. Británica. Al respecto Ricardo Alberto Paz: “Presente en toda la negociación por cuenta propia y de sus banqueros, y requerida angustiosamente por Chile, a cada alarma de guerra, Su majestad Británica aceptó con entusiasmo el cargo que le brindaba legalizadas influencias en los asuntos de sus clientes y deudores y la consagraba por su alta vara en la política sudamericana, como la nueva Madre Patria de las jóvenes naciones” (76).

    Durante el gobierno constitucional de 1973-1976, requerí en ejercicio de la Secretaría Técnica de la Presidencia de la Nación al Ministro de Relaciones Exteriores Angel Federico Robledo, mediante oficio de fecha 9 de septiembre de 1975 que remitiese al Congreso “para su tratamiento inmediato” el Tratado de Arbitraje firmado en 1971 por el Presidente Argentino General Alejandro Agustín Lanusse y el presidente de Chile Doctor Salvador Allende, con relación al litigio siempre pendiente, de las Islas Lennox, Picton y Nueva en el Canal de Beagle (77). Este tratado, reiterando el Tratado de Arbitraje de 1902, adjudicó a la Corona Británica la jurisdicción dirimente del conflicto. Si el Congreso de aquel entonces no hubiese rectificado el Tratado Lanusse-Allende, el conflicto con Chile que nos llevó al extremo de una guerra, que evitó la Santa Sede, no hubiese existido. Pero el ministro mencionado no envió el Tratado para su consideración por el Congreso. Tampoco lo hicieron sus sucesores Manuel Arauz Castex y Raúl Quijano.

    En el Senado Nacional a propuesta del Senador Dr. Alberto Fonrouge, se fijó fecha de sesión para que el cuerpo considerase el Tratado Allende-Lanusse por sí mismo el día 24 de marzo de 1976.

    Pero la rebelión producida en la madrugada de esa fecha derribó a los poderes constituidos y disolvió el Congreso. Entonces el peligro bélico con Chile reapareció por la causa del fallo adverso de J. M. Británica que, como dejamos dicho pudo haberse evitado, retirando a la Argentina del arbitraje pactado en 1971 y denunciando el Tratado Allende-Lanusse.

    Pero al procederse de otra manera, reapareció el problema de la guerra. Y con el peligro de la guerra la excusa para los empréstitos.

    En el transcurso del “Proceso” la guerra con Chile tuvo virtualmente la hora de su comienzo. La Santa Sede evitó las hostilidades gestionando el Acuerdo de Montevideo del 8 de enero de 1979. La mediación papal evitó de esta manera la guerra y otro empréstito.

    No todos los Jefes Militares aprobaron la política exterior del “Proceso”. El General (R) Jorge Leal que ostenta la gloria indiscutible de haber colocado nuestra bandera en el Polo Sur, expresó con prudente sabiduría que una guerra entre Argentina y Chile “sería un error histórico del siglo XX”. A su vez el Teniente General (R) Juan Carlos Onganía sostuvo que el problema del Beagle “es un problema que tiene más de cien años, así que no veo la razón para que no podamos prolongarlo por otros cien años, para evitar una guerra que, en este momento haría mucho daño a ambos países” (78).

    También durante el gobierno del “Proceso” se llegó a una guerra efectiva con Gran Bretaña por la reivindicación de las Islas Malvinas que comenzó el 2 de abril de 1982. Finalizadas las hostilidades, el banco de Inglaterra aportó 3.500 millones de dólares para que el Fondo Monetario Internacional formase una masa de 10.000 millones de dólares que se prestaron a la República Argentina para nuestro país, derrotado en la Guerra de Malvinas, pero todavía en situación jurídica.

    Las precisas palabras de Scalabrini no son una rémora literaria. Tienen hoy dramática actualidad. En este sentido vamos a remitirnos a dos textos y a dos opiniones de incuestionable autoridad.

    1)                     Harry Ferns: refiriéndose a la Argentina industrial tecnológica y científica levantada por Perón con su columna vertebral en la estructura de Fabricaciones Militares dice: “como no sea mediante una guerra civil devastadora, resulta muy difícil imaginar como puede deshacerse la revolución efectuada por Perón” (82).

    2)                     Arturo Frondizi, ex Presidente de la República, refiriéndose a este peligro potencial y latente ha dicho: “El Proyecto que preparan los norteamericanos militarmente, podrá matar a 500 mil latinoamericanos”... “Cuando hablé sobre este tema con el Papa, él opinó que no sólo va a fracasar el ejército norteamericano sino también los ejércitos nacionales de cada país” (83).

Dr. Julio C. Gonzalez