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politica

La nacionalización de las agencias noticiosas

Por el Dr. Julio C. González.

La labor del gobierno se encaminó hacia un nuevo régimen para las agencias noticiosas extranjeras. Como medida prioritaria, se dictó el decreto 340/73 -proyectado y redactado por mí-, que prohibía la actividad de las agencias noticiosas extranjeras dentro del país. United Press, Reuter, France Press, EFE, Asociated Press, ANSA y otras solo podrían transmitir en el país los acontecimientos del exterior y, a su vez, solo podrían transmitir hacia el exterior los acontecimientos del país. Pero les quedaba absolutamente prohibido transmitir dentro del territorio argentino, de un lugar a otro, los acontecimientos argentinos. La difusión en el país de lo que ocurría dentro de su perímetro sería tarea exclusiva de la agencia oficial de noticias Telam o de otras agencias privadas que fueran propiedad de argentinos, y que no tuvieran vinculación alguna en lo económico, lo técnico y lo funcional con agencias internacionales. Otras disposiciones del decreto establecían:

• Veracidad comprobable de la información que se transmitía, exigiendo la mención de la fuente e impidiendo el uso de verbos potenciales, tales como “podría”, “habría”, para desvincularse de responsabilidades por la veracidad de lo que publicaba.

• Prohibición del uso de vocablos extranjeros en la prensa escrita, televisión o radial. Estos debían ser traducidos al idioma nacional, para defensa de la pureza de la lengua castellana.

• Obligación de la prensa escrita de publicar en la primera página las noticias nacionales, y luego las latinoamericanas y demás extranjeras.

• Los artículos periodísticos debían estar firmados por el autor, a fin de proteger la propiedad intelectual de los redactores y periodistas.

Todos los diarios al unísono, la Sociedad Interamericana de Prensa y otros organismos similares respondieron con acres y agraviantes editoriales contra el decreto. Resaltaban en extensos comentarios que un nuevo peligro se cernía sobre la libertad de prensa. El justicialismo -se decía- no había abjurado de su totalitarismo.

Por su parte, la Universidad de Buenos Aires, regida por el profesor Rodolfo Puiggrós, emitió un boletín especial señalando el carácter trascendente y revolucionario del decreto 340/73.

El gobierno había producido su primer acto realmente transformador y revolucionario en medio de las contramarchas y la improvisación que habían caracterizado la acción administrativa desde el 25 de mayo de 1973. Días más tarde constataríamos que, a pesar del decreto y de las controversias desatadas, todo el sistema de agencias noticiosas seguía funcionando igual.

La primera reacción surgió de los diarios del interior que recibían su material informativo de las agencias noticiosas internacionales, que hora estaban limitadas en su accionar por el decreto de nacionalización de la información interna. Los directores y propietarios de todos los periódicos del interior -grandes y pequeños- se hicieron presentes masivamente en la Secretaría de Prensa y Difusión. Manifestaron al secretario Emilio Abras que era su voluntad constituir una agencia informativa privada productora de los servicios que United Press y las demás agencias no podían de ahora en adelante suministrarles. De la conversación, en la que participé junto a Abras, se infería que las demás agencias internacionales proponían burlar el decreto constituyendo una agencia privada “nacional” de la que los propietarios de los diarios del interior serían testaferros. La agencia en cuestión llevaría por nombre “Noticias Argentinas”. Su problema capital consistía en que la Secretaría de Comunicaciones la autorizase a funcionar dentro del país como agencia “argentina y privada” y le adjudicase el uso de las frecuencias inalámbricas para efectuar sus transmisiones. Tanto Abras como yo hicimos saber a los peticionantes que los términos del decreto eran terminantes, que si deseaban constituir una agencia privada argentina debían llenar los recaudos legales que regían y que el decreto, lejos de ser autoritario, imitaba el comportamiento de todos los países no socialistas y socialistas donde el accionar de las agencias internacionales en el marco interno estaba prohibida.

Días después me visitaron dos abogados de la Secretaría de Comunicaciones. Traían el expediente en el cual Noticias Argentinas peticionaba la autorización para funcionar. El pedido de la nueva empresa se hacía juntamente con una solicitud de United Press Internacional, la cual renunciaba al uso de las frecuencias radiofónicas internas que tenía asegurada bajo la condición de que estas fuesen asignadas a Noticias Argentinas Sociedad Anónima, en formación.

Ambas solicitudes eran insultantes para el gobierno y el Estado argentino. Fácil era advertir que, si el gobierno cedía en aceptar que United Press disfrazara su continuidad con la creación de Noticias Argentinas, burlando descaradamente el decreto, debería aceptar de ahí en más las imposiciones de cualquiera.

Mi dictamen fue contundente: en virtud de simulación técnica, económica y funcional, United Press International seguía actuando dentro del territorio argentino con el nombre testaferro de Noticias Argentinas. Pero el general Otero, titular de la Secretaría de Comunicaciones, hizo caso omiso a mi dictamen y autorizó el funcionamiento de Noticias Argentinas, adjudicándole las frecuencias que hasta entonces utilizaba United Press.

El personal de las agencias noticiosas internacionales que actuaba en el interior del país, integrado en su mayoría por extranjeros, fue incorporado a la agencia oficial Telam. De esta manera, la red de espionaje internacional en la Argentina seguía actuando, pero con credenciales oficiales y pagada por el propio Estado nacional argentino.





Nota: Textos extraídos del libro Isabel Perón. Intimidades de un gobierno. Autor Julio González, Editorial El Ateneo. Págs. 56-59

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